El cielo sobre el Castillo Obsidiana pareció tranquilo por un instante después de que Aria despertara su poder como Gran Sacerdotisa.
Pero esa tranquilidad no era más que una ilusión. Dentro de la sala sagrada, ahora llena de luz plateada que provenía de su cabello, Aria se cayó de rodillas de repente.
Sus manos agarraban el suelo de mármol con tanta fuerza que sus uñas dejaban rasguños profundos.
¡Ahhh...!
Un dolor que nunca antes había sentido azotó su cuerpo. No era dolor por magia ni heri