Una fuerte lluvia azotaba el territorio de Tierra de Nadie tierra baldía en la frontera entre el dominio de la Luna Plateada y el poder licántropo.
En una cueva húmeda y con olor a sangre, Silas Vane miraba la pequeña hoguera que bailaba azotada por el viento fuerte.
Su rostro, antes limpio y guapo, ahora estaba cubierto de una barba desaliñada. Una cicatriz cruzaba su mejilla izquierda, resultado de una pelea con un oso salvaje al que desgarró con las manos desnudas para desahogar su ira.
No