Aria estaba sentada en un sillón de madera tallada dentro de una pequeña cabaña escondida en la zona más tranquila del jardín del palacio.
Alaric permanecía de pie en el umbral de la puerta, con los brazos cruzados, brindándole privacidad y al mismo tiempo una protección inquebrantable.
Frente a Aria, una mujer mayor con el rostro marcado por el paso del tiempo preparaba té de hierbas cuyo aroma calmaba los nervios.
Era la Anciana Elara, una de las únicas sobrevivientes de la gran purga del c