El amanecer se alzó sobre la Capital con un color rojo que parecía sangre, como si el cielo mismo se negara a perdonar lo ocurrido la noche anterior. El salón del pabellón en ruinas era ahora un testigo silencioso del colapso de una era. El Consejo de Ancianos había desaparecido, dejando un vacío de poder opresivo, pero para Aria Crescent, esa pérdida política no tenía importancia frente a lo que tenía delante.
Alaric Valerius, el tan magnífico Rey del Sol, ahora estaba arrodillado en medio de