La noche en la Capital nunca había estado tan fría. El viento que soplaba desde el mar traía consigo el aroma de la sal y la oscuridad, como si el universo se preparara para presenciar el colapso de una dinastía.
En el balcón del pabellón más alto, Aria Crescent permanecía inmóvil. En sus brazos, Silas seguía inconsciente; su respiración era entrecortada y su cuerpo temblaba como una sombra bajo una lámpara estropeada.
Las últimas palabras de Silas sobre la noche de hace diez años seguían rev