Nieve negra comenzó a cubrir la Ciudad Capital Obsidiana, un fenómeno natural que no se había registrado en miles de años.
Cada copo llevaba el aroma de ceniza y desesperación, una señal de que la influencia del Reino de las Tinieblas había alcanzado su punto de saturación.
En medio de la plaza principal, bajo la sombra de las estatuas de los emperadores pasados, Aria Crescent permanecía de pie en el cadalso.
Sin embargo, hoy no había venido como verdugo, sino como comandante en jefe supremo