La oscuridad que trajo Erebus no solo cubrió el cielo, sino que también comenzó a envenenar el juicio de los líderes de las razas sobrenaturales.
Dentro del gran Salón del Concilio, el ambiente estaba lejos de la paz.
La gran mesa redonda que solía ser un símbolo de unidad se convirtió ahora en un campo de batalla de egos.
Aria estaba sentada en el centro, vestida con la túnica real de la Luna de plata pura.
A su derecha, Alaric permanecía firme con las manos sobre la empuñadura de su espada