El aire en los límites del Bosque Prohibido se sentía más agudo de lo habitual. La nieve que caía ya no era de partículas suaves, sino de escamas de hielo que dolían al tocar la piel.
Habíamos salido de la cripta de la familia Crescent, llevando más que solo artefactos y diarios; llevábamos una pesada verdad sobre el pasado y una advertencia sobre el futuro.
Me volví para mirar la silueta de la Cascada Llorosa, ahora congelada, que ocultaba la tumba de mi madre detrás de un velo eterno de hiel