El torbellino de energía roja sangrienta no solo se tragó los cuerpos físicos de Alaric y Aria; destrozó su cordura.
Mientras eran arrastrados hacia el eje principal de la Torre de la Luna Llorosa, la gravedad parecía desaparecer, reemplazada por una presión atmosférica con olor a óxido y desesperación.
Alaric apretó la mano de Aria con una fuerza que casi rompía los huesos, mientras su otro brazo intentaba alcanzar a Lucian, quien flotaba en medio de la tormenta de energía.
¡Lucian! ¡Agarra