El polvo del valle partido aún flota en el aire, creando un velo gris opresivo. Alaric, en su forma de Licántropo-Dios Obsidiana, permanece inmóvil.
Su aliento jadeante expulsa vapor caliente, pero su corazón parece haber dejado de latir cuando escucha los gritos de Aria desde la cima del acantilado.
El rugido de victoria que acaba de liberar se convierte ahora en una náusea aplastante.
Silas Vane, que yace en el fondo del abismo con la cara destrozada y el cuerpo casi transparente, ríe jadea