El cielo sobre la Capital del Imperio Lycan ya no era azul, sino de un púrpura oscuro que parecía a punto de desplomarse sobre la tierra.
Dentro de la sala principal del palacio, ahora parcialmente destruida, una fuerte mezcla de aroma a sangre y magia quemada se extendía por todos lados.
Alaric Obsidiana permanecía de pie en medio de los escombros, pero su cuerpo ya no se mantenía erguido como antes.
Se apoyaba en su gran espada, clavada en el suelo de mármol, y sus suspiros sonaban como el