La noche en la Capital de Obsidiana se había convertido en una orquesta de destrucción.
El sonido de los cañones Obsidiana-Crescent disparados desde las murallas de la ciudad estremecía los cimientos del palacio cada pocos segundos.
Aria Crescent permanecía de pie en el balcón de comando, su túnica negra y plateada ondeaba furiosamente al viento que llevaba consigo el olor a azufre y ceniza.
En su dedo meñique, el Anillo de la Noche Eterna latía con una luz negra fría, como si estuviera abso