La noche en el Palacio Obsidiana se sentía más densa que de costumbre. Las nubes oscuras absorbían la luz de la luna, dejando el pabellón de Aria sumido en una oscuridad opresiva. En el pasillo exterior, los pasos de la Guardia de Hierro resonaban con ritmo, pero había algo extraño: ya no se oían los intercambios de turno.
Dentro de su habitación, Aria se paraba cerca de la chimenea que comenzaba a apagarse. Podía sentir algo moviéndose en su vientre. Su bebé que ahora comenzaba a tener concie