Esa noche, el pabellón privado de Aria ya no se sentía como un refugio.
La habitación se había convertido en una sala de urgencias llena del olor punzante de diversas hierbas medicinales y energía mágica estática.
Alaric permanecía de pie en un rincón, su rostro parecía haber envejecido diez años en una sola noche.
Sus ojos rojos nunca se apartaron de la figura de Aria, que yacía débil en la cama con sudor frío que constantemente bañaba su frente.
El Gran Médico Magnus, junto con dos asisten