70. EN BUSCA DE MI LUNA
No recibí respuesta a mi llamado; Claris tenía a la loba dormida y no podía responder para darme la seguridad de que estaba bien, resguardada en el lugar donde la había dejado. La furia se desató en mi interior: como Alfa, la responsabilidad pesaba sobre mis hombros. No solo debía proteger a mi Luna, sino a toda la manada.
El dolor por la ausencia de Claris alimentó cada uno de mis movimientos mientras me lanzaba contra los enemigos. Mis garras encontraron las gargantas de Renier y su Luna, ce