Nuria colgó el teléfono en el despacho de Elena con las manos ligeramente sudorosas.
¿Lo has hecho? —preguntó la abogada, mirándola con desaprobación—. ¿Has llamado a Gael?
Era necesario —dijo Nuria, tomando su bolso—. Él conoce la finca de la sierra, es propiedad de su familia desde hace generacion