Emilio soltó una carcajada fuerte, echando la cabeza hacia atrás.
—Te lo juro, el cliente me pidió poner una alberca en un balcón de dos metros cuadrados. Quería un jacuzzi volador, prácticamente.
Me reí con ganas, dándole un sorbo a mi copa de vino. El restaurante francés sobre la Avenida Masaryk e