El nombre de Darío fue como un golpe directo a la boca del estómago. Victoria presionó las manos sobre su regazo, bajó la mirada hacia la alfombra y sintió cómo el nudo en su garganta la asfixiaba por completo, ya no podía seguir fingiendo.
—No puedo ir a hablar con él, papá —confesó, con la voz tot