La puerta de su despacho se abrió. Celeste entró con dos tazas de café humeante y le puso una directamente sobre los planos arquitectónicos.
—Es viernes por la noche, Darío. Ya basta de trabajar —le ordenó Celeste, sentándose en la silla frente a él, cruzando las piernas—. Emma me acaba de mandar un