—Huele a casa —dijo Nuria, incorporándose un poco con ayuda de los codos.
—Es comida de verdad, nada de los inventos raros de tu padre. —Estefany le acomodó un par de cojines en la espalda y le puso la bandeja sobre las piernas—. Come, que tienes que coger fuerzas. ¿Cómo habéis pasado la noche? León