Hace tres años, en la mansión de Arturo Fénix.
Un recuerdo le llegó a Rocco como una ola que no pudo detener. Él estaba en el estudio, después de la mentira, después de la tensión que nos había separado. Él no me había seguido, no me había presionado, pero cuando bajé, luego él me encontró en la cocina con una taza de café entre las manos y la mirada perdida en la ventana.
—Verónica —dijo, sin volverse—. ¿Puedo contarte algo?
—Depende de qué sea —respondí, sentándome frente a él.
Rocco guardó s