El recuerdo de aquella cena se quedó conmigo durante días, como una fotografía que no podía dejar de mirar. La forma en que Rocco me había defendido, la forma en que mis ojos se habían encontrado con los suyos desde el otro extremo de la mesa, la forma en que mi padre había sonreído con esa complicidad que solo los padres saben tener. Todo eso se repetía en mi mente una y otra vez, como si mi cerebro estuviera tratando de decirme algo que aún no estaba lista para escuchar.
Pero ahora, después d