El bebé se acomodó, lo supe antes de que nadie lo dijera en voz alta, por el cambio inmediato en la tensión de la sala, por la manera en que la doctora Reyes asintió hacia el especialista con un alivio apenas disimulado, por el modo en que los hombros del propio especialista se relajaron una fracción antes de dirigirse otra vez hacia mí.
—Ahora, Verónica —me indicó, con una autoridad clara que no dejaba espacio para la duda— Con todo lo que tengas, este es el momento exacto.
Empujé con una fuer