Cuando Inna llega a las caballerizas, el sol se encuentra por llegar a su punto más alto en el cielo, pero, aun así, la brisa que da de lleno contra su rostro se siente frío.
Al entrar a las caballerizas, el aroma a heno fresco y cuero la envuelve. Sus ojos escudriñan el espacio con total atención, buscando alguna señal de él. Los caballos relinchan suavemente, algunos sacuden sus crines mientras mastican, pero Dmitry no está allí. Inna suspira con frustración y avanza hacia la última cabina,