Cuando el auto se detiene frente a la entrada de la casa, la pequeña Layeska no espera a que Dmitry apague el motor por completo; abre la puerta con rapidez, toma su mochila contra el pecho y corre hacia la entrada. Por su parte, Dmitry la observa en silencio desde el puesto del conductor, permitiéndole bajarse sin decir nada para intentar detenerla, respetando su espacio.
Al momento que cruza la puerta principal, Layeska no saluda ni mira a nadie. Su pequeña figura desaparece rápidamente tras