Ante aquella pregunta tan directa, el cuerpo del sacerdote se tensa al instante. Moviéndose rápidamente entre todas sus ideas, el padre Artem intenta encontrar una forma coherente para responder ante aquella acusación, pero las palabras parecen atorarse en su garganta. Dmitry no necesita más. Su postura tranquila y su tono controlado son suficientes para transmitir su mensaje aun por medio de la reja del confesionario.
—¿Qué cree Padre? ¿Es posible mentirle a Dios?
—No —niega finalmente, pero a