Cuando el motor del auto se apaga con un ronco susurro, también se detienen los dos autos negros que vienen tras de él. La tarde gris y el aire frío, funcionan como el presagio del encuentro pesado que está por desarrollarse. Dmitry desciende del auto con calma, ajustando la chaqueta de su chaqueta de cuero. Volviéndose hacia sus hombres, da la orden de que solo cuatro de ellos lo acompañen.
Mientras avanza hacia la escalinata de piedra que conduce a la Iglesia, sus manos encuentran refugio en l