Tras las palabras del juez, Anastasia sigue con la mirada a los guardias que escoltan a Alexey fuera de la sala, su pecho aún agitado por la emoción de la verdad revelada. No puede evitarlo; una sonrisa se dibuja en sus labios, una sonrisa de triunfo, de la justicia que comienza a materializarse.
Instintivamente, gira su rostro, buscando a Dmitry entre las personas en la sala, esperando encontrar su mirada, compartir ese instante con él.
Pero no está.
Al notar su ausencia, su sonrisa titubea ap