Inna se deja caer sobre la suave colcha de su cama, envuelta solo en su bata de baño tras una ducha caliente. Su cabello aún húmedo se extiende sobre las sábanas, y aunque el vapor de la ducha debería haberla relajado, sus pensamientos están tensos, como cuerdas tirantes listas para romperse. A un lado, su teléfono descansa con la pantalla encendida, en altavoz, mientras la voz de Arman, distante pero tranquila, intenta atravesar la niebla de sus pensamientos.
“Inna, tal vez estás exagerando un