Estaciono el auto dando gracias a Dios el haber llegado, mientras Liesel, quita su cinturón y aprieta mi nariz sonriendo por mi expresión de tener un palo en el trasero, ya que pasó todo el trayecto cantando como si no hubiera un mañana.
¿De dónde saca tantas energías? ¿acaso no es capaz de mantener la boca cerrada?
—Déjame en paz unos segundos—la miro y sigue sonriendo.
—Gracias—no me inmuto, aprieto los dientes y cierro los ojos buscando tranquilidad y pensar que tengo que soportarla en el