El decirlo, no lo hace realidad.
Despierto sintiéndome adolorido, sonrío al recordar la razón, cuando me percato de que la causante de mi doloroso placer, se ha ido.
Busco por toda la casa, y no hay rastro de ella.
Se fue.
Siendo domingo, el último domingo de cada mes, me toca la tortura de la reunión familiar. Inclino mi cabeza al cielo buscando armonía, y las imágenes de la noche con Liesel, aparecen una y otra vez.
Y como recuerdo que ya no me siento obligado a asistir, o cruzarme con es