La verdad no peca, pero incomoda.
—¡Hola papá! —le doy un abrazo que corresponde de inmediato—¿Cómo estás?
—Feliz de verte, pensé que no vendrías, estaba preocupado.
—No me lo perdería por nada del mundo—el sarcasmo es evidente en la forma en la que lo expreso, provocando que mi adorada abuela gruña en evidente desagrado.
—¿Cómo te va en el departamento de compras? —interroga el viejo, mientras hace una señal a sus empleados para que sirvan la cena.
—Estoy bien—no entro en detalles, él tien