Olegda se sintió desconcertada por el gesto repentino de Andrés. Mientras descendían en el ascensor hacia la planta baja del edificio, el roce de sus labios contra los de ella la tomó por sorpresa. Su corazón latía con fuerza, y el rubor se extendía por sus mejillas mientras trataba de procesar lo que acababa de suceder. No podía negar que había sentido una chispa de emoción ante el contacto, pero también estaba confundida por la naturaleza de su relación con Andrés.
Durante las clases de yoga,