Andrés y Olegda se dirigieron a la playa en un día soleado y brillante. Al llegar, encontraron una extensa franja de arena dorada bordeada por aguas cristalinas y olas suaves que rompían en la orilla. Decidieron establecer su campamento en un lugar tranquilo cerca del agua, donde pudieran disfrutar de la brisa marina y las vistas panorámicas.
Después de instalarse, se aventuraron a dar un paseo por la orilla, dejando que sus pies se hundieran en la arena suave y tibia. Observaron cómo el sol se