Olegda se sentía intranquila mientras caminaba por las concurridas calles de la ciudad. En su mente, la sensación de ser observada crecía con cada paso que daba. Cada vez que se detenía en un semáforo, notaba cómo los conductores de los autos a su alrededor la miraban fijamente, como si estuvieran evaluando sus movimientos. A veces, incluso parecía que los mismos vehículos seguían su ruta, siempre manteniendo una distancia prudente pero lo suficientemente cerca como para despertar su paranoia.