El descubrimiento del cadáver desató un torbellino de especulaciones y conmoción en la comunidad. La mujer yacía en una postura desolada, su rostro marcado por cicatrices que parecían narrar una historia de sufrimiento inimaginable. El médico forense examinó detenidamente los restos, sorprendido por la naturaleza de las lesiones.
Inicialmente, las cicatrices en su rostro fueron atribuidas a una deformidad congénita, un cruel destino que la mujer debió enfrentar desde su nacimiento. Sin embargo,