No recordaba la última vez que sonreí genuinamente por tanto tiempo. No importaba si estaba en una habitación de hotel, rodeada de paredes blancas y sosas, todo me hacía sonreír, todo se me hacía tan hermoso.
Incluso cuando me trajeron la espantosa comida de hospital, la disfruté. La consideré sumamente deliciosa. Tal vez me gustaba tanto porque me la dieron después de una buena noticia. Porque mis otras experiencias con comida de hospital son horribles. ¿Es posible que mis papilas gustativas