••Narra Vienna••
Un pitido constante se adueñó de mis oídos, el olor a antiséptico inundando mis fosas nasales. Detrás del constante pitido, había una voz. Una que se escuchaba como si fuera un eco lejano.
“Vienna, Vienna”, llamaban una y otra vez, como si estuviera tirando de las cuerdas de mi inconciencia.
Me sentía en medio del limbo.
Intenté hablar, pero no podía. Sentía la garganta presionada y dolía una barbaridad.
Hasta que escuché más voces exigiendo que se apartaban, que les d