Pasé la mano por mi creciente barba. Siempre la afeitaba, pero desde que estaba en este hospital, lo último que he hecho era preocuparme por mí. Los ojos me ardían por pasar tanto tiempo despierto, las ojeras se marcaban, oscuras. Apenas me permitía unos minutos al día para lavarme en el baño, rápidamente y colocarme una muda de ropa limpia. Comía solo por necesidad.
Me sentía culpable por comer cuando Vienna estaba ahí, como si fuera una muñeca, como si no formará parte de este mundo.
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