••Narra Maximilian••
La habitación privada estaba en silencio. Solo el pitido constante del monitor, el suave murmullo del aire acondicionado y la respiración irregular de Vienna llenaban el espacio. Estaba acostada en la cama, con el rostro pálido, los labios apenas entreabiertos, el cabello aún húmedo pegado a sus sienes. Parecía frágil. Demasiado frágil.
Me quedé en la puerta, apoyado contra el marco, sin atreverme a entrar. No quería despertarla. No quería ver sus ojos abrirse y encontrar