••Narra Vienna••
La garganta me continuaba doliendo, hinchada, reseca. Casi ni pareciera que estuve atragantada con agua hace poco.
Los párpados me pesaban, pero me obligué a abrirlos.
Un techo blanco fue lo que me recibió junto al sonido de unas constantes. Mis ojos buscaron la causa hasta que lo encontraron: máquinas conectadas a mi cuerpo.
Estaba en el hospital.
«Maximilian me trajo»
Cómo una tonta, mi visión se enfocó en cada espacio de la habitación, buscándolo, hasta que me e