••Narra Theodore••
Salí del restaurante dando grandes zancadas. La brisa me golpeó como si fueran miles de diminutas cuchillas. La rabia hervía en mis venas, caliente y espesa. Mis puños se abrían y se cerraban a los costados mientras caminaba sin rumbo, sin saber adónde ir, solo necesitando moverme antes de explotar.
Esa maldita zorra.
Esa mujer. Esa... ingrata. ¿Cómo se atrevía a hacerme esto? ¿Cómo se atrevía a grabarme, a amenazarme, a tratarme como si yo fuera el enemigo?
Yo la acogí.