—Doctor Borgoña, ¿qué... qué está pasando? —pregunté, sintiendo que el corazón se me aceleraba.
Ver la desesperación en su rostro solo provocaba que la mía se elevara. Sus ojos ámbar me veían fijamente sobre el cansancio. Se incorporó bruscamente.
No parecía ser el doctor sereno y profesional que me había acompañado durante dos años. Era un hombre al borde del colapso.
—Vienna, escúchame —Su voz baja, pero urgente, caminando en mi dirección—. No tengo mucho tiempo. Maximilian King está arru