Me sequé las lágrimas con el dorso de las manos mientras él se encargaba de solventar los costos de la consulta. No esperé por él en recepción, avancé en mi silla, dejándolo atrás llenando una planilla.
Él y yo teníamos un rato. ¡Un maldito trato! Tal vez solo haya sido un trato verbal, pero no podía creer que se haya echado hacia atrás… Una de mis condiciones fue que él se encargará de mis gastos médicos y se estaba echando para atrás justo cuando tenía la esperanza escurriendo de mi pecho.