El corazón me latía con fuerza, golpeando mis costillas sin contemplaciones.
No podía calmarme. No podía pensar nada más aparte de mi dedo presionando el botón de “avanzar“ mientras seguía al doctor. Una vez que llegamos a su consultorio, abrió la puerta, cediéndome el paso.
Ya este lugar se me hacía familiar de todas las veces que he estado aquí. Perdí la cuenta hace mucho.
—Disculpe, me gustaría hablar con mi paciente a solas —dijo el doctor.
Al girar mi rostro, noté a Maximilian ent