Vomité en el baño del trabajo, escondiéndome de todos.
El desayuno abandonó en su totalidad mi cuerpo, dejándome fría por dentro y por fuera. Mi cuerpo temblaba, las punzadas intensificadas en mi columna, como si me desgarrara por dentro.
Me tomé otro analgésico, frustrada porque no sentía que hiciera efecto.
Odiaba esos días, cuando ni siquiera las pastillas funcionarán. El dolor era tan grande que imaginé que la única solución era introducirme una aguja de 20cc en la columna repleta de un