La sala de juntas principal del Grupo Montes en Londres era un espacio elegante pero frío, donde el cristal y el acero inoxidable reflejaban la luz grisácea de una mañana nublada.
Valeria Miller se sentaba en el extremo principal de la mesa, su figura imponente frente a la hilera de rascacielos de la ciudad, mientras la delegación de la familia De la Cruz ocupaba el otro extremo.
Los jefes de familia y los primos de Sebastián, quienes en Madrid se movían con la arrogancia propia de la nobleza,