CAPÍTULO 16: CONFUSIÓN Y VERGÜENZA
LEYLA
Con un movimiento fluido, rudo y salvaje, me hace girar presionando mi rostro contra la corteza del árbol. Suelto un jadeo de sorpresa, mi aliento condensándose en el aire. La madera áspera raspa mis mejillas, recordándome dónde estoy. Vuelvo a jadear cuando siento sus manos levantándome violentamente la túnica de lana, exponiendo mi trasero al frío aire que golpea mi piel desnuda, provocando que mis pezones se endurezcan dolorosamente.
—¿Quieres ser l