La oscuridad de la noche trajo consigo el sonido de caballos a todo galope y el aleteo de un dragón de mayor tamaño…
Era evidente que un grupo de soldados enemigos se acercaba a nuestra posición a toda velocidad, escoltados por el mismísimo Hashim en persona, montando su dragón de fuego.
Supongo que al regresar el pequeño dragonzuelo al reino de fuego, se percataron de las heridas que tenía, que no podían ser de nadie más que de Krad, y si él estaba ahí, el príncipe de hielo también lo estaría,