Mundo de ficçãoIniciar sessãoDe repente, la puerta del cuarto se abrió de golpe, y Alan entró brincando, con una sonrisa que iluminaba su rostro.
—¡Ya terminé mis dibujos, mamá! Los hice para ti y para papá —anunció con orgullo mientras extendía una hoja donde dos figuras mal dibujadas (claramente nosotros) aparecían tomadas de la mano, con una casa y un sol de fondo—. ¡Papá, deja a mamá, no la aplastes!






